Posted by ministrodigital on 23 Febrero, 2008 14:23
ESCRIBE MANUEL CADENAS MUJICA
Desde muy antiguo, el apóstol Pablo ha sido considerado en algunos círculos teológicos como el propulsor de lo que podría denominarse un “ministerio célibe”, es decir, la conveniencia del estado civil y efectivo de celibato o estricta soltería para el cumplimiento de una mejor labor ministerial en la Iglesia. Este concepto ha encontrado acogida no sólo en los predios catolicorromanos, abanderados de esta posición, sino aún entre los protestantes, aunque con cierta variante. Un texto de la primera carta a los corintios parece dar sustento a esta tesis, defendida con especial ardor por la Curia romana. Está en el capítulo 7 y los versículos 8, 24, 26, 27, y principalmente en los versículos 32, 33, 34 y 40, donde Pablo parece estar realizando una apología en favor de la soltería. Sumando a este pasaje las palabras de Jesús en Mateo 19:11 y 12, acerca de los que se hacen eunucos por el reino de los cielos, se ha creído encontrar suficiente sustento para tal aseveración. ¿Enseña, en verdad, Pablo esta doctrina? Muy pronto veremos que no se hace ni justicia ni un favor al apóstol atribuyéndole semejante incongruencia doctrinal para consigo mismo y para con toda la Escritura. Si bien es cierto Pablo tiene preferencias por la soltería, no enseña nunca que sea un estado superior al del matrimonio. Los más elementales principios hermenéuticos obligan a abordar los pasajes aludidos desde su contexto histórico y gramatical. Sabido es que tal ejercicio intelectual no es grato a la escolástica romana y a ciertas corrientes protestantes, mejor ubicadas en el terreno de la especulación filosófica o el tradicionalismo irreflexivo. TEOLOGÍA PAULINA APLICADA
Aunque no conocemos las preguntas, es obvio que en alguna correspondencia anterior, los corintios le han enviado al apóstol una serie de consultas acerca de asuntos de la vida práctica de la iglesia y sus miembros. Es desde esa perspectiva que Pablo envía sus respuestas a través de 1 de Corintos: no tiene la intención de disertar sobre teología, sino ayudar a los creyentes a proceder de acuerdo a principios éticos cristianos. El quiere dar orientaciones bíblicas, no mandatos . En todo caso, a lo sumo, tenemos ante nuestros ojos un tratado sobre teología funcional casuística. “Uno de los problemas teológicos que confrontamos en las epístolas es que éstas responden a preguntas hechas en el siglo primero, mientras nosotros queremos que respondan nuestras preguntas de ahora”, señala pertinentemente el erudito pentecostal Gordon Fee. A tenor de lo que conocemos sobre el ambiente social, político y espiritual de Corinto del primer siglo, podemos intentar reconstruir aquellas interrogantes, pero será siempre una reconstrucción limitada. Se puede distinguir así que, en medio de una sociedad convulsa, agitada, sumamente pagana e inmoral, entregada al disfrute hedonista del placer carnal por un lado y receptiva de corrientes religiosas mistéricas y tendencias místicas por otro; con una iglesia impelida a conformarse con el siglo y tal vez acosada políticamente; surgieron preguntas tales como: - ¿Que dice Dios sobre las relaciones sexuales?
- ¿Hay algo de malo en querer obtener satisfacción sexual?
- ¿No es mejor que los cristianos casados se abstengan de sus relaciones conyugales para fortalecer su vida espiritual?
- Como está la situación, ¿qué hacer si se es soltero y viudo?
- ¿Pueden divorciarse los cristianos, sobre todo si el o la cónyuge es incrédulo? ¿No sería bueno hacerlo por causa del Señor?
En general, la actitud de las preguntas parece ser la de “¿Y por qué no podemos?” . Pablo, reconociendo lo espinoso de la situación, hace reiterado hincapié en que sus palabras de respuesta corresponden a la aplicación de los principios escriturales a situaciones particulares. Ese es el sentido de “esto digo por vía de concesión, no por mandamiento”, “Digo pues...” (v.6), “Quisiera más bien... que fueran como yo...” (v. 8), “Y a los demás digo yo, no el Señor...” (v. 12), “esto ordeno en todas las iglesias” (v. 17), “no tengo mandamiento del Señor, mas doy mi parecer...” (v. 25), “Quisiera... que estuvieses sin congoja” (v. 32), “Esto lo digo para vuestro provecho; no para tenderos lazo...” (v. 35), “Pero a mi juicio” (v. 40). Sólo una vez cita el mandato escritural: “mando, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se separe de su marido” (v. 10). El apóstol parece haber percibido que detrás de las inquietudes de los corintios está su trasfondo helenista, dualista y ascético. Si aceptamos como una mejor traducción del 1:1 “En cuanto a las cosas de que me escribisteis: ‘bueno le sería al hombre no tocar mujer’”, atribuyendo la segunda cláusula a los remitentes, se corrobora esta tendencia ascética, donde el matrimonio no tiene cabida y que estaría presionando a los casados a divorciarse o abstenerse. De este modo, encontramos que el contenido de este pasaje, inspirado palabra por palabra por Dios, plena revelación divina, de interpretación literal, merece una aplicación consecuente con el sentido gramatical e histórico que tiene. Y entonces surge la interrogante: ¿qué texto nos da una clave para situarnos en el contexto adecuado? No hay otro que el v. 26: “a causa de la necesidad que apremia”. Cuál es esta necesidad apremiante, no ha llegado a dilucidarse tajantemente, pero caben dos posibilidades: la inminente venida del Señor o las presiones de la sociedad corintia ya expuestas. Pienso que una no tiene por qué excluir a la otra. Sin embargo, en el primer caso habría que escuchar a quienes opinan que la esperanza corintia era ingenua, por decir lo menos. Lo que tal argumento olvida es que la esperanza en la segunda venida de Cristo era entonces tan apremiante como hoy y que ese apremio no está en función a mediciones cronológicas, sino escatológicas. De todos modos, el segundo caso permite comprender la ausencia de esta recomendación en las demás epístolas paulinas. ¿MINISTERIO CÉLIBE? En vista de las consideraciones expuestas, ¿sanciona Pablo la creación de un ministerio célibe en esta sección de 1 de Corintios? Veamos los pasajes. El primer versículo que sugeriría esa posibilidad -ya remota si hemos demostrado que se trata de una aplicación casuística de principios evangélicos generales- es el 7. Allí Pablo manifiesta su deseo de que todos sean como él. Mas, ¿cómo era él? Estrictamente hablando, no dice explícitamente que fuera célibe . Tampoco que tenga alguna obligación de serlo a causa del ministerio. Por lo demás, Pablo no está pensando en si hay que casarse o no; está contestando a quienes piensan que hay que abstenerse de relaciones sexuales dentro el matrimonio por causa del Señor. Viendo este pasaje en el contexto más amplio de toda la carta, hallamos que 1 Corintios 9:5 alumbra sobre la actitud de Pablo hacia el matrimonio y el conocimiento de sus atribuciones apostólicas: “¿No tenemos derecho a traer con nosotros una hermana por mujer?”, la pregunta retórica demanda un “sí” por respuesta. Lo más probable es que Pablo fuera en ese momento o soltero o viudo y que se esté dirigiendo a personas que ya han estado alguna vez unidas en matrimonio y se han divorciado o enviudado. Más que el hecho de ser o no célibes, Pablo enfatiza su deseo de que los corintios pudieran ver las circunstancias desde su misma perspectiva, que pensaran y actuaran como él lo haría, que fueran como él. Pero al final de esta discusión concluye diciendo: “Pero cada uno tiene su propio don de Dios, uno a la verdad de un modo, y otro de otro” (v. 7). Como se ve, hasta aquí Pablo no pretende ni imponer ni institucionalizar ninguna práctica. Hay que recordar, además, que en pasajes como 1 Timoteo 4:3 él condena el ascetismo. La siguiente sección (marcada por la preposición peri = ‘en cuanto a’) que se refiere al tema aparece entre los versículos 25 al 40, una porción bastante extensa en la que el término clave es “vírgenes”, haciendo referencia a los solteros y solteras que no han estado unidos antes en el vínculo matrimonial. Es en este pasaje que “necesidad que apremia” (v. 26) aparece como argumento contextualizador. Si algo quiere evitar Pablo con sus recomendaciones es sufrimiento innecesario a causa de cambios radicales en tiempos difíciles. Por eso incluye a quienes sí están casados (v. 27) y aclara que unirse en matrimonio no merma santidad. Lo que puede mermar es servicio, pero siempre en vista de las aflicciones que amenazan a la iglesia. No instituye, por tanto, ningún ministerio célibe. Lo que hace en ambas secciones es sustentar el mismo alegato: que nadie trate en ese momento de cambiar de condición. ENSEÑANZA PAULINA SOBRE EL MATRIMONIO
Antes de repasar las enseñanzas paulinas acerca del matrimonio en otros pasajes y epístolas, es menester considerar algunas ideas generales. En primer lugar, debe entenderse que el matrimonio no es un tema central de la teología de Pablo ni tiene sobre el mismo algún especial interés, más allá de los fines prácticos. En segundo lugar, debe recordarse que las cartas de Pablo responden a un destinatario y una ocasión específicos y que las veces que ha hablado al respecto lo ha hecho o por pedido o por necesidad o por prevención. Dicho esto aseveremos con firmeza: Pablo no enseña en contra del matrimonio. “Por otra parte, las afirmaciones de Pablo no deben ser entendidas en el sentido de una desaprobación del matrimonio (cf. kalos poiei) Él sabe que cada uno ha recibido en esta materia su propio don especial (7,7)”. JOSEPH A. FITZMYER, Teología de San Pablo (Madrid: Ediciones Cristiandad, 1975), pág. 195. Vimos en 1 Corintios 9:5 que él mismo tiene el derecho de tener una hermana por mujer, pero que no lo ejercita por decisión propia (1 Co. 9:15). Ahora recorreremos las referencias que hace en su epistolario al matrimonio y la relación conyugal. En el libro de Romanos, hay un breve pasaje al respecto, pero de ninguna manera debe entenderse como una exaltación de la viudez, sino que sirve de analogía o ilustración para la vida bajo el yugo del pecado y la libertad de la ley del pecado. No hay carga negativa en ello. Otro pasaje clave en la enseñanza paulina sobre el matrimonio es el capítulo 5 de Efesios, de los versículos 21 al 33. Otra vez no hay ni asomo de alguna actitud contraria. Por el contrario, en el contexto del mutuo sometimiento de los unos a los otros en la Iglesia, Pablo se apropia del ejemplo del amor de Cristo por la iglesia para definir parte de la naturaleza del vínculo conyugal. Eso sí, de acuerdo a las normas hermenéuticas más elementales, no es posible invertir el ejemplo para enfatizar lo eclesiástico y favorecer una interpretación alegórica de Cantar de los Cantares. Colosenses 3:18-19 es un resumen de esta definición de roles, pero en el contexto de las relaciones en la nueva vida y sin la analogía de Cristo y la Iglesia. También 1 Corintios capítulo 11 se ocupa del matrimonio, pero ya no desde una perspectiva de roles, sino de grados de responsabilidad. Y la lista de referencias continúa: - 1 Timoteo 4: 3, sanciona la prohibición de casarse como una señal de los últimos tiempos.
- 1 Timoteo 5: 11 y 14, no niega el matrimonio a las viudas jóvenes, pero sí que se entreguen al libertinaje sexual.
- 1 Tesalonisenses 4: 4 advierte contra una perspectiva mundana y lasciva de la unión conyugal, instando a que se tenga a las esposas en santidad y honor.
- 1 Timoteo 3:2 y Tito 1:6 establece como requisito de un aspirante a obispo la fidelidad conyugal en el caso de estar casado.
- Tito 2: 4,5 señala la obligación de las ancianas de enseñar a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos e hijos y estar sujetas a su marido.
- Gálatas 3: 28 Declara la igualdad ante Dios del varón y la mujer en cuanto al evangelio.
- Romanos 7:3 considera el recasamiento como adulterio y el 13:9 incluye a la fidelidad conyugal en el cumplimiento de la ley de Cristo de amar al prójimo como a sí mismo.
- Gálatas 5:19 estima al adulterio como obra de la carne y 1 Corintios advierten que los adúlteros y fornicarios (señales de depravación humana según Romanos 1:29) no heredarán el reino de Dios.
- Acerca de la fornicación, 1 Co 6:13,18 advierte que es ofensiva al templo del Espíritu y Efesios 5:3 propone que ni siquiera se converse al respecto.
Como se verá, no existe el menor sustento escritural para argumentar que Pablo era un activista en contra del matrimonio. Por el contrario, todos los indicios que encontramos, aunque sabiendo su poco énfasis en el tema, lo ubican como un defensor no sólo de su realización, sino también de su pureza y santidad. BIBLIOGRAFÍA
BIBLIA DE REFERENCIA THOMPSON. Miami, Florida, E.U.A: Editorial Vida, 1983. 1812 pp. BOVER, José M. Teología de San Pablo. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 1961. 850 pp. CONCORDANCIA DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS. Nashville: Editorial Caribe, 1997. 936 pp. GORDON D FEE. Primera epístola a los corintios. Buenos Aires y Gran Rapids, Michigan: Nueva Creación y William Eedmans Publishing Company, 1987. 989 pp. FEE, Gordon D. y STUART, Douglas. La lectura eficaz de la Biblia. Deerfield, Florida: Editorial Vida, 1994. 224 pp. FITZMYER, Joseph A. Teología de San Pablo. Madrid: Ediciones Cristiandad, 1975. 202 pp. HOWARD, Fred D. 1 Corintios, Normas para el Pueblo de Dios. El Paso, Texas: Casa Bautista de Publicaciones, 1983. 157 pp. NUEVO DICCIONARIO BÍBLICO. Barcelona, Buenos Aires, La Paz, Quito: Ediciones Certeza, 1992. 1479 pp.