¿QUÉ DICE DIOS SOBRE EL ALCOHOLISMO Y EL ALCOHÓLICO?
ESCRIBE MANUEL CADENAS MUJICA
Yo crecí en el hogar de un alcohólico. Mi padre lo fue y murió a causa del alcoholismo. Por esa razón, más que leer los textos de otros (los he leído y, en gran parte, me han parecido erráticos) he preferido reflexionar sobre la naturaleza de esta práctica, sus causas y efectos a partir de la experiencia vivida.
Para este artículo he seleccionado dos lecturas que me han parecido interesantes, por evitar la tendencia farmacológica y siquiátrica en el enfrentamiento del alcoholismo. ¿Cómo podría curarse un mal con fármacos cuando no se tiene la menor idea de dónde se encuentra situado ni cuál es su causa? Eso es simplemente una panacea al verdadero mal.
Las dos lecturas que sirven de bibliografía no reflejan necesariamente mi punto de vista, que cabalga entre las dos, una absolutamente conservadora y la otro aplicando principios de Alcohólicos Anónimos con pasajes bíblicos. Me parece que después de este trabajo, la reflexión quedará más abierta que nunca, pero puede tratarse de un buen principio incluso para otras dependencias, adicciones y malos hábitos, como veremos más adelante.
¿PECADO O ENFERMEDAD?
Aunque parezca obvio responder desde un punto de vista bíblico y decir: es pecado, se debe tener cuidado de ser ligero en esta perspectiva. Recordemos que la Escritura menciona la borrachera y describe el hecho mismo, pero como en el caso de otras debilidades humanas, no están interesadas en la experiencia emocional sino en la experiencia moral del alcohólico. La propia palabra alcohólico no aparece en la Biblia. De modo que desde el punto de vista ético y espiritual, no es posible hablar de alcoholismo. El término no funciona en ese sentido.
En el área ética y espiritual el término adecuado ha de ser “borrachera”, es decir, la ingesta de bebidas alcohólicas con o sin frecuencia, pero en cantidades suficientes según el individuo para mostrar síntomas de descontrol de sí mismo. El pasaje más ilustrativo de esta perspectiva es Proverbios 23: 29-35, donde se describe las consecuencias de la borrachera. De que la ingesta de alcohol tiene aspectos negativos, podemos encontrarlo abundantemente en las Escrituras. Temprano, en Génesis 9 encontramos a Noé exponiendo a sus hijos a la falta de respeto. En el capítulo 19 hallamos a las hijas de Lot aprovechando la borrachera del padre para acostarse con él. Lot ya no tuvo discernimiento. Luego, la ley prohibirá que los sacerdotes beban vino o sidra cuando les corresponda ofrecer servicio en el templo, a fin de que tengan sus sentidos bien afinados para discernir lo bueno de lo malo. Job, conciente de que al beber vino cualquier de sus hijos pudo decir alguna blasfemia, ofrece sacrificios por ellos. Sansón recibe como ordenanza nazarea la total abstención. Y hay una seria recriminación en Isaías para los que son valientes para beber vino con exceso de tolerancia (Isaías 5:22).
Pero para hablar de alcoholismo hay que salir del área moral-espiritual y trasladarse al área médico-sicológica, para considerar el alcoholismo con una enfermedad sicosomática. En ese sentido, no es que se descarte el punto de vista bíblico que lo señala claramente como un pecado, sino que se aborda desde otra perspectiva. La Escritura mira el hecho en sí: una borrachera es pecado, vivir en borracheras implica vivir en pecado. La sicología y la medicina miran las causas y los efectos que estos hechos producen en el individuo, finalmente consecuencias de su condición pecaminosa.
Podría decirse que toda borrachera es pecado, pero no toda borrachera implica que haya alcoholismo, aunque la borrachera continua pueda tener como consecuencia la adquisición del alcoholismo. Es importante entender esta distinción para efectos de consejería, puesto que, como el caso de Billy Graham y su “Manual para obreros cristianos”, llega a banalizarse el tema, considerando el alcoholismo como un hábito y mezclando terminología con la borrachera. El alcoholismo es la dependencia sicológica y física al estimulante llamado alcohol. La borrachera puede llegar a ser un hábito; el alcoholismo es una patología.
TÉRMINOS CLAVES
Borrachera. Ingesta de alcohol en cantidades tales que se produce alteración de la conducta, pérdida del dominio propio, deseos de seguir bebiendo, lenguaje procaz, pérdida de conocimiento, entre otras manifestaciones.
Alcoholismo. Enfermedad crónica, progresiva y potencialmente fatal. Se caracteriza por una tolerancia y una dependencia física, o cambios patológicos orgánicos, o los dos, todo ello como resultado directo o indirecto del alcohol ingerido.
Bebida alcohólica. Toda aquella bebida con contenido de alcohol etílico, en mayor o menos grado, vía fermentación o destilación de diferentes zumos. Es una droga legalmente permitida.
Droga. Sustancia que produce en el organismo algún tipo de alteración, sea estimulante, tranquilizante o alucinógena, capaz de crear dependencia.
Vicio. Defecto o exceso que como propiedad o costumbre tienen algunas personas. Mal hábito, afición excesiva a alguna cosa.
Dependencia. Relación hacia un ser o una cosa de la que no es posible prescindir sin producirse efectos traumáticos. Subordinación a un poder mayor.
Alcohólicos Anónimos. Asociación fundada en los Estados Unidos en la década de los años 30 para ayudar al alcohólico y su familia a vencer el alcoholismo.
Bebedor social. Se dice de aquel que sólo bebe esporádicamente, los fines de semana o en reuniones.
Bebedor pasivo. Se dice de los familiares cercanos del alcohólico, afectados indirectamente por dicha enfermedad.
CAUSAS Y EFECTOS
Desde el punto de vista ético-espiritual, la causa del problema es insoslayable y radica en la propia interioridad del ser humano, según el propio señor Jesucristo lo señala (Mt. 15: 19; Ga. 5: 21). En ese aspecto no hay que indagar demasiado. El fruto cae de maduro.
Se puede decir, sin temor a dudas, que no es la bebida alcohólica la que produce el alcoholismo. No es lo que entra al hombre lo que contamina al hombre. De otro modo, entonces tendría que ponerse en tela de juicio la participación de Jesús en las bodas de Caná, la acusación de ser comilón y bebedor, la última cena con sus discípulos y el establecimiento de la santa cena.
No sirven los argumentos sobre un supuesto vino sin fermentar en base a una antojadiza interpretación de la frase “el fruto de la vid”. Ha de aceptarse el uso del alcohol en la cultura judía de antaño y de hoy.
Sin embargo, dado que, como ya se ha dicho, la Palabra de Dios no se detiene a reflexionar sobre la materia emocional del alcoholismo y la borrachera, no es allí que se tendría que encontrar las causas del problema, sino más bien en el área sicosomática. Pero, según señalan diversos autores, también en ese aspecto han fracasado los estudios, ya que no se ha podido trazar un perfil del alcohólico único. Es decir, no se conocen causas orgánicas o sicológicas.
No se ha podido conocer por qué de dos personas que beben alguna vez una de ellas se vuelve alcohólica y la otra no. Ni siquiera en el caso de padres alcohólicos es fácil determinar si los hijos seguirán el mismo rumbo. Probablemente sí... probablemente no.
En cuanto a los factores sociales, son altamente influyentes, pero no determinantes. Lo único cierto que se ha podido establecer es la descripción del cuadro alcohólico en base a un test de preguntas simples.
Esa es, junto al reconocimiento de la borrachera como un pecado, la única información con la que se cuenta sobre sus causas.
Sobre sus efectos, más bien, el cuadro es devastador. Porque el alcohólico no sólo se destruye a sí mismo, sino a los seres que lo rodean, su familia. La situación se agrava aún más cuando el alcohólico pierde su fuente de trabajo e ingresos y se produce una crisis económica en el hogar. El aspecto físico sufre también, con presencia de cirrosis, cáncer al aparato digestivo, hipertensión arterial y otras secuelas derivadas de golpes y shocks, derivando incluso en la pérdida gradual de las facultades mentales y síquicas. La tendencia a la depresión y el suicidio es alta entre los alcohólicos.
Según un informe publicado en la revista Selecciones y reproducido en “Ayuda y esperanza para el alcohólico”, de Alexander DeJong, existe un 50% de probabilidades de que el hijo de un alcohólico llegue también a serlo. Es lo que se llama un alcohólico pasivo.
¿QUÉ HACER?
Billy Graham propone que la orientación al alcohólico sea la misma que a un borracho. Es decir, un tratamiento a un vicio o pecado. Por lo tanto:
- Debe desconfiarse de la información que brinda el alcohólico.
- Debe tomarse una postura firme frente a ellos, aunque sin prejuicios.
- Fomentar el reconocimiento de que su problema sólo podrá hallar solución en Dios.
- Conducirlo a la evangelización o a la reconciliación.
- Comprometerlo a abandonar el uso del alcohol y las amistades peligrosas, buscar nuevas amistades (en la AAA), ser sincero consigo mismo.
No obstante varias de sus apreciaciones son ciertas y aplicables, no es menos cierto que Graham en este punto adolece de una perspectiva menos práctica del problema.
Alexander DeJong, en cambio, propone desde su perspectiva de ex alcohólico algunos pasos a seguir para ayudar al alcohólico y su familia.
- Reconocer el alcoholismo como una enfermedad, sin dejar de reconocer que es responsable.
- Reconocer que solamente un poder superior puede sanarlo de esa enfermedad.
- Hacer la decisión de entregar toda la vida al Señor.
- Hacer un severo inventario moral (introspección).
- Proponerse dejar que Dios transforme esa área y la vida entera.
- Atribuir a cada quien su nivel de responsabilidad en la vida: el alcohólico y su familia.
- Satisfacer a las personas dañadas, si es posible con retribución.
- Mantener una vida de oración y devoción permanente.
- Compartir con otros las experiencias vividas.
Lo más recomendable en estos casos es someterse a ayuda especializada. En el caso de intoxicación, buscar auxilio médico pero sólo para la desintoxicación. Luego acudir a una asociación tipo Alcohólicos Anónimos o a un centro de rehabilitación que use una terapia similar no medicamentada, y si es cristiana, tanto mejor.
Actualmente, en la iglesia en la que vengo reuniéndome desde hace unos meses con mi familia, se está desarrollando un programa que, aunque no se concentra exclusivamente en el alcoholismo sino en toda forma de adicción, dependencia o malos hábitos, aplica con mucho éxito principios muy similares a los expuestos por Alexander DeJong. Se llama “Celebremos la recuperación”.
Más de veinte millones de personas en el mundo están “celebrando la recuperación” gracias a este programa que está abierto a personas de toda confesión religiosa o creencia que deseen enfrentar, en un ambiente adecuado y con otras personas igualmente decididas a hacerlo, sus adicciones, dependencias y malos hábitos, así como los traumas y heridas emocionales sufridas por vía activa o pasiva.
Para los interesados, las reuniones se realizan todos los días viernes, de 7 a 9 de la noche, en la avenida Constructores 864, urbanización Santa Raquel, La Molina, a la altura del cruce con la avenida Ingenieros, en el cuarto piso del edificio educacional. Preguntar por Ciro, Marcelo o Patricia.
AMOR, PACIENCIA Y CIENCIA
Como se puede apreciar, la perspectiva que se tenga del alcoholismo moldeará el tema y su tratamiento. Si se le considera enfermedad, se buscarán medicamentos y otro tipo de terapias convencionales, sean siquiátricas, médicas o sicológicas, con la característica de librar al individuo de toda responsabilidad. Si se le considera meramente pecado, se limitará a recomendar arrepentimiento sincero y suficiente, soslayando el hecho de que cuando se trata de un cristiano y aún cuando no, generalmente los alcohólicos ya han realizado ese arrepentimiento. Se olvida, asimismo, que gran parte de los impulsos y efectos son incontrolables por parte del alcohólico.
Se debe, pues, echar mano de ambos puntos de vista, valiosos, pero parciales. En el aspecto ético-espiritual, no se puede dejar de reconocer el alcoholismo como pecado, en cuanto requiere de borrachera. Pero en el aspecto médico-sicológico, no se puede dejar de lado que se ha producido una dependencia sicosomática, una toxicomanía.
Por lo tanto, para enfrentar el alcoholismo y brindar una alternativa al alcohólico, es necesario tener las dos perspectivas, amor, paciencia y ciencia.
BIBLIOGRAFÍA
DEJONG, Alexander. Ayuda y esperanza para el alcohólico. Terrassa, Barcelona: Editorial CLIE, 1983.
FIUME, DEL MONACO. Toxicomanías. Madrid: Ediciones Paulinas, 1972.
GRAHAM, Billy. Manual para obreros cristianos. Minneapolis: World Wide Publications, 1984.
SANTA BIBLIA.

