¿ES VERDAD QUE SÓLO PENSAMOS EN LA CAMA?
Admiro esa capacidad que tienen las mujeres para hablar con libertad y sin tapujos de sus sentimientos, de mostrarse vulnerables, de expresar sus necesidades emocionales con total desparpajo y aun confesar sus más profundos anhelos y sueños. Lo digo a tenor del artículo que publiqué ayer acerca de los “círculos virtuosos” y los “círculos viciosos” en el matrimonio. Cuando se lo mostré a mi esposa, por correo electrónico, su respuesta fue que lo publique y muestre a los demás cuán inteligente soy, qué bien puedo argumentar, pero que si los demás me conocieran cómo soy, entenderían por qué ella es así conmigo.
Así que, quizás por primera vez en mi vida, gracias a ese desafío lanzado por ella, me atreveré a atravesar el umbral de lo intelectual, que sólo he traspuesto públicamente en mi poesía y en mis canciones, incluso con cierto lenguaje vedado, para lanzarme a la aventura de esa libertad de mostrarme vulnerable, de hablar de mis emociones, de mi vida personal, de aquello que como hombre me preocupa, me duele, me socava y también de aquello que me llena de esperanza, que le levanta, que me motiva.
En primer lugar quiero confesar lo que ella intuyó desde el primer momento en este artículo: “¿Por qué, en vez de hablar en abstracto, no dices que ese artículo se trata de ti?”. Sí: ese artículo habla profundamente de mí, de lo que pienso y siento en relación al amor, a los sentimientos, al matrimonio, a la relación de pareja, porque yo no he sido el mejor ejemplo al respecto y es más fácil teorizar que vivir. Y qué alivio se siente, créanme, al poder exponer sin ningún miramiento, quién soy, qué pienso, qué hay en mí.
Escribí ese artículo porque hace un año y medio que mi esposa, la escritora del blog LA DEPRESIÓN, y yo atravesamos una gran crisis matrimonial que según ella nació a partir de una relación que sostuve con otra mujer pero que en realidad, según mi punto vista, viene de muchos años antes, de la manera cómo ella y yo construimos este matrimonio, que por la gracia de Dios se sostuvo y se sostiene en medio de grandes luchas suyas y mías. Yo me separé de ella, me fui de la casa, le dije que no la amaba más y pensé en rehacer mi vida, aunque no me separé de mis hijos, a quienes amo con todo el corazón y quienes son la motivación terrenal de mi existencia.
Sí, la herí, la herí profundamente, la traté de una manera fría e indiferente, fui cruel con ella, pero por primera vez en mi vida traté de ser honesto conmigo y con mis sentimientos. En ese momento, en realidad, sentía que no la amaba, sentía que no podía seguir compartiendo una vida con ella, que le hacía más daño que bien permaneciendo a su lado sin los sentimientos que deben unir a un hombre y a una mujer. Ella quiso matarse o al menos es lo que demostró a todos. Se volvió como loca y eso a mí, en lugar de conmoverme nada más, también me produjo rabia e indignación, porque me dije: “¿Es que acaso no es capaz de querer a sus hijos por encima de todo, como yo lo hago?”. Pero gracias a Dios con el tiempo fue entrando en razón y con la ayuda de sus amigas Carola y Alcira (Thelma y Louise), buscando al Señor, que ha sido su tabla de salvación.
¿Y qué ha pasado conmigo? ¿Es que acaso los hombres que hacemos lo que yo hice somos unas basuras, como dicen las mujeres? ¿Es que acaso los sentimientos se obligan? Ella piensa que yo me fui en pos del sexo y de la lujuria. Pero si bien es cierto los hombres somos seres más sexuales que afectivos, a diferencia de ellas que son más afectivas que sexuales, es hora que las mujeres destierren de su pensamiento que todo lo que nos motiva es la cama. No, señores y señoras. Porque detrás de la cama, lo que hay es algo que se llama “intimidad” y que es la capacidad de entregarse con todo lo que uno es, de descubrir el corazón y ser genuinos, auténticos. Eso es lo que realmente hay en lo que las mujeres consideran únicamente “la cama”.
Es cierto: muchos hombres, sino todos, tenemos grandes apetitos sexuales que necesitan ser saciados. En parte por nuestra propia naturaleza: así nos hizo Dios, pero en parte también porque nuestra carne está sobre estimulada por las películas, la Internet, la publicidad, llena de sensualidad y que muestra a la mujer como un objeto. Pero las mujeres deberían reconocer que, por otra parte, si bien su naturaleza las impulsa a ser más afectivas, a necesitar más el apoyo emocional, la atención, el cariño, también su carne está sobre estimulada por las películas, las telenovelas, las canciones y las conversaciones entre ellas, llenas de romanticismo y que muestran a unos hombres “ideales” eternamente románticos que en la realidad no existen.
Yo creo que gran parte del auge del lesbianismo, como de la homosexualidad en los tiempos actuales proviene de lo mismo que también provoca grandes frustraciones matrimoniales: una expectativa equivocada sobre lo que es la pareja y el sexo opuesto. Pero no quiero volver a ponerme abstracto. Quiero volver a mis sentimientos, a lo que yo veo y creo. A mi punto de vista, que también es válido y que no quiere esconderse para que allí donde halla un hombre que también ha pasado por esta experiencia, pueda encontrar una voz de ayuda.
Por respeto a mi esposa, no quiero abundar en lo que pasó con la otra relación, pero lo cierto es que un año después, yo decidí volver a mi casa. ¿Por qué lo hice? ¿Frustración con la otra relación? ¿Sólo por los hijos? ¿Sólo por obedecer a Dios? ¿Porque me sentía solo y no puedo con mi soledad? ¿Para tener quién me haga las cosas? ¿Porque es más económico que mantener dos casas? ¿Porque extrañaba la comida? ¿Porque me di cuenta que estaba enamorado de ella y que no podía vivir sin su amor? No. Algunas razones son ciertas, pero no son únicas. Otras son sencillamente una tontería que las mujeres quieren creer porque no nos conocen, en realidad no se toman el tiempo de entendernos y darse cuenta que no somos esos estereotipos que pintan las canciones de Myriam Hernández, las comedias románticas de Hollywood ni las telenovelas de Televisa o Rede O’Globo.
Yo volví a mi casa porque me di cuenta de todas aquellas cosas de las que hablo en mi artículo (leánlo para entenderlo), porque haciendo un balance me di cuenta que la sicóloga que me ayudó un tiempo tenía razón: si tengo un negocio durante veinte años que no me da tan buenos dividendos, pero he invertido tanto, no voy a cambiarlo por uno que “parece” prometedor, pero del que no conozco nada o casi nada, por más bueno que parezca, porque además el negocio de tantos años merece una oportunidad, un esfuerzo más, se ha ganado ese derecho. Y junto a eso recién viene todo lo demás: sí, quiero obedecer a Dios porque sé que Él nunca me va a pedir nada para mi mal; quiero darles a mis hijos la familia que merecen; me di cuenta que en el fondo mío no ha desaparecido del todo el afecto que le tengo a mi esposa, que está adormecido de tantos dolores mutuos, el sol ocultado por las nubes; porque quiero hacer lo correcto.
Todo lo que digo en ese artículo es lo que yo quiero hacer. Romper el “círculo vicioso de retroalimentación negativa y naturaleza destructiva” para establecer un “circulo virtuoso de retroalimentación positiva y naturaleza constructiva”. Ponernos de acuerdo para empezar de nuevo, no ya como los adolescentes que nos conocimos y que nos enamoramos, porque eso ya no puede volver, pero sí como los adultos que nos conocemos y que queremos darnos una oportunidad, con la que se demuestre que sí se puede restaurar un matrimonio si le damos el lugar al Señor, deponemos nuestras actitudes, perdonamos y nos arrepentimos del mal que hemos hecho.
La cosa es ¿y quién le pone el cascabel al gato? Ninguno de los dos quiere dar su brazo a torcer. Yo porque tengo miedo de que sea más de lo mismo y que al entusiasmo inicial le sigan las peleas de toda la vida. Pero eso es falta de fe. Y ella, porque considera que siendo yo el ofensor, me toca dar los primeros pasos, hasta que ella esté convencida de la sinceridad de mi arrepentimiento y propósito, hasta que yo sane y vende sus heridas y ella se reestablezca. Bueno, ¿quién dará el primer paso? Yo creo que los dos debemos dar el paso a la misma vez: yo pidiéndole perdón sinceramente y proponiéndole renovar nuestro pacto matrimonial y ella comprometiéndose a perdonarme y dejarme empezar de nuevo. Porque la ofensa pudo ser mía, pero la relación es de los dos.
Sin embargo, estaría dispuesto a dar el primer paso aunque ella no dé el suyo.
Para que vean, chicas, que los hombres sabemos ser hombres cuando corresponde.
Y a ver, mujeres, si ustedes se atreven a dar el segundo, ya que tanto hablan.
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Comentarios
Comparto lo que dices,pero se te olvida algo..............
Marielena villanueva Santisteban. | 30/03/2008, 10:21


Si la relación es de dos y a los hombres se les olvida que el amor se riega todos los días,y que si hubieras tenido la voluntad de dar tres cosas que pedimos las mujers con M:
Respeto,Dignidad y Protección,otra sería la historia de los matrimonios,pero todo sirve para bien dice el Señor,si me volví loca,pues no sabia lo duro que es la calle,después de vivir por más de 20 años,esperando esas tres cosas que escribí arriba,y lo peor es que ustedes los hombres la cambian a una ,porque piensan que esa otra será la mujer perfecta,que gran equivocación las trampas se revisten de ángeles de luz,pero al llegar el amanecer dejan de resplandecer y son eso,la trampa,la mentira.Gracias a Thelma y Louis yo aprendí,que las mujeres podemos darnos nuestra propia dignidad,respeto y cuidado.Hombres si su esposa está fallando en algo,digánselo ,adviertan,pero no caigan en el juego de caer con otra mujer que viene y se entromete,opina sin saber ¡que paso con su relaión durante 20 años¡,eso duele.No soy nadie absolutamente nadie para juzgarte ,pues el que acusa es el rey de las tinieblas,algún día comprenderas,siempre diré que escogí al mejor padre para mis hijos ,lee mis artículos,pues gracias a ese dolor,me sirvió para entender a las esposas que se quedan solas,quizá son hicimos dependientes sin querer,y eso a Dios no le agrada,así que permite esa prueba para que recobremos nuestra autonomía y volvamos la mirada a ÉL ,pues sólo Él murió por nosotros,volvamos matrimonios la mirada a nuestro creador.